Un año. Todo un año pasó. El reloj sigue jugando conmigo, como siempre lo hizo, pero ahora lo hace con rabia. Ya no le presto atención, pensando que quizás de esa manera desista.
Ayer conocí a mi gemela cósmica. Es decir, alguien que siguió en mismo camino que seguí yo, pero lo hizo bien. Y pude ver como podría haber sido, cuando podría haber hecho.
Sentada acá, este Sábado, otro, como tantos, que se pierde en la lista de Sábados sin sentido solitario, todo parece haber pasado. Y todo lo que fui, y lo que pude ser, se desvanece como la niebla matutina en San Francisco. Todavía se siente el frío, a lo lejos, pero ya no se le puede ver.
Aquellos abrazos, esas conversaciones. Las risas, las lágrimas compartidas. Resona el eco en algún lado que no volveré a visitar. La historia se repite, siempre, una y otra vez, simplemente porque la historia somos nosotros, y seguimos acá.
Acá estoy, sufriendo mi historia. Dejándola pasar. En el eterno sueño de lo que pudo ser, de lo que podría ser.
Si solo pudiera despertar.
Sunday, August 13, 2006
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